30 de mayo de 2011

Qué etapa, la puta madre. Son complejos los veintitantos, sobre todo cuando allá en la lejana preadolescencia te imaginabas a dicha edad recibida, con trabajo, auto propio y haciendo viajes por el mundo (enviciada del sistema). Y ya en esta edad, te ves, todavía estudiando, sin un laburo que te permita dejar la casa de tus viejos y alcanzar esa tan añorada independencia.
Es complejo desde muchos aspectos, es complejo querer hacer tantas cosas y no poder, es feo estar condicionado por situaciones tales como la plata, el tiempo, las obligaciones.
Es así y de esta manera cuando me pregunto ¿Estoy viviendo o sobreviviendo? ¿Es una etapa? ¿O toda mi vida adulta voy a estar así?. Y ante toda esta contradicción de querer disfrutar mi mejor etapa y al mismo tiempo sobrevivir ante todas las obligaciones, se presentan los miedos.
Si señores, los miedos siempre aparecen para tratar de cagarte la existencia, y empiezan las dudas, los cuestionamientos, los llantos desenfrenados, los días de mierda, los ataques de concha y demás. Por qué? simple, no sabés si estás yendo por el camino correcto, te equivocás, te caes, cada vez más te cuesta levantarte,  te reís, pensás, y decís basta. Y querés volver a esa tan ansiada adolescencia, o peor aún, a la seguridad de la niñez. Pero no, te das cuenta que no podés y más encerrada estás. Y que cagada!!! qué se hace entonces?.
La respuesta no la tengo, puedo contarles a ustedes qué es lo que hago yo, que definitivamente no es la solución, pero me ayuda. Escucho música, me fumo un pucho, cierro los ojos, y pienso en que lo que estoy haciendo me va a llevar a un estado de bienestar (otra vez el maldito sistema). Y no funciona, así que practico yoga (esto es mentira, no soy tan top), me clavo los auriculares con un buen rock de fondo,agarro una hoja y escribo boludeses.
Dicen que es la mejor etapa, así que.... no me queda otra que TRATAR de disfrutarla y seguir insistiendo para terminar todo lo que tengo que terminar de hacer (o empezar)...

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